domingo, abril 03, 2016
algo del pecado y su símbolo (Stella Díaz Varín)
Si he mancillado el árbol en su efigie
y bebo del licor de la amapola en su cráneo de mieles,
si he hundido mi violento meditar inaudito.
En el cielo de brumas que me cubre las sienes,
si el huerto se estremece de mi propio cadáver,
si el fuego me circunda
si he bebido el veneno de mi celeste arteria,
¿qué podría ofrecerte?
Después me fui contigo junto al Apocalipsis,
se trastocó de hieles mi copa rebosante,
y después el andar, y el andar después
la muerte con su muerte.
y bebo del licor de la amapola en su cráneo de mieles,
si he hundido mi violento meditar inaudito.
En el cielo de brumas que me cubre las sienes,
si el huerto se estremece de mi propio cadáver,
si el fuego me circunda
si he bebido el veneno de mi celeste arteria,
¿qué podría ofrecerte?
Después me fui contigo junto al Apocalipsis,
se trastocó de hieles mi copa rebosante,
y después el andar, y el andar después
la muerte con su muerte.
Amor, no repitas la plegaria
del árbol
ni me digas amante
primeroysegundo
Despierto de golpe. El sonido del despertador, que emula la alarma de los bomberos cuando reciben un llamado de emergencia, interrumpe un sueño extraño. Me ducho rápido, preparo un café que se quema, me pongo los menjunjes cotidianos encima y pienso en una película de David Lynch que me suscitó el sueño.
“No hay banda, no hay orquesta”, declama el Club Silencia en Mulholland Drive.
Parto al trabajo y sigo dándome vueltas en los detalles del sueño. Le escribo a A. y se lo cuento también a F. Quiero volver a la cama para saber cómo termina.
Celebro mi cumpleaños y mis amigos/as me
visitan en casa de mi mamá. Es una casa repleta de detalles, es una casa sorda,
donde se hace imposible ver sólo una cosa. Está llena de conjuntos y cada
rincón es un microcosmos, sin propio orden o desorden. Del techo caen
colgantes, algunos de vidrio que reflejan prismas de colores en las murallas y
el piso (pienso que el mundo físico tiene
muchas más de tres dimensiones). En el borde de una ventana, una colección
de pequeños ventiladores antiguos descansan. Desde el lavaplatos, generaciones
antiguas/rebeldes/distinguidas/guapas generaciones de personas que sustentan mi
árbol familiar, observan todo a su alrededor (pienso están vivos/están vivas).
Mi madre es una coleccionista, eso es verdad. Su colección favorita se la llevó el terremoto del 2010, o el “27F” como le dicen en la tele. Las botellas sobre el piso de madera sureña fueron nuestro Chernobyl esa noche. Sin embargo, estaría exagerando si comparara esta casa onírica con la real casa. Sí estoy segura de que le gustaría. Quizás esta tarde le llame para describirle el lugar que encontré, para compartirlo con ella.
Los invitados a mi cumpleaños, entre los que estaban amigos, compañeros de trabajo y el vecino lindo del 204 al que siempre miro, en un silencio ritual se mueven por el lugar observando cada detalle. Hace frío, no hay música ni conversación. En rigor, no parece una fiesta. En mis manos sostengo una caja de cartón llena de sándwiches preparados en pan de molde que, como anfitriona, ofrezco a mis invitados poniendo la caja sobre una mesa redonda de vidrio pequeña. Me rodean brazos y manos ansiosas (pienso que mis invitados tenían más que n*2 brazos/manos) que al introducirse en la caja desparraman las migas del pan, pedazos de pan voladores, suspendidos en el aire como esporas de aliados jamón-queso. Gente bocabierta a brincos intentando comer.
De pronto el lugar se abre a una suerte de terraza de cemento. Un patio helado y sombreado, que desciende como un ágora a través de escalones anchos. En cuanto comienzo a recorrerla veo a mis invitados instalados, tiesos como estatuas en distintos puntos del patio. Una de ellas me interpela, retoma una conversación que nunca comenzó pero que yo sé continuar de igual modo. Soy una actriz y conozco el libreto de la obra de la que soy también espectadora. Bomberos. Despierto.
La casa, que es el lugar acogedor, el lugar familiar e íntimo donde habitan los ancestros y sus objetos es también un lugar inhóspito. Un lugar en que se construye una cosmicidad propia y no siempre tan cómoda. El habitar en ella está siempre sometido a la dialéctica de no querer habitarla para renunciar a sus códigos, sabiendo que el hacerlo resulta inherente.
Una noche en el retiro de la montaña, una estructura frágil de aluminio y cubierta de polyester se transforma en mi refugio, mi casa. No necesito más. Duermo profundo. Sueño.
El mundo es gris, sin escalas de colores y no hay más que matices entre el blanco y el negro. Camino rápido por el pavimento (gris), cada vez más rápido, comienzo a trotar, luego a correr. Nadie me sigue, nada me angustia. Sólo corro. Sonrío. Me tropiezo y entro en un bosque tupido de vegetación baja, helechos y pastizales floridos. Como no veo colores especulo, creo que las flores son amarillas, como las del protector de pantalla por defecto de Windows. Tampoco escucho, he perdido ese sentido mientras penetro el bosque (pienso que alguien me apagó el switch del volumen desde fuera del sueño, quizás en la montaña sea que no podemos tener todos los sentidos optimizados, de otra forma no toleraríamos tanta majestuosidad), y me pregunto si es que algún día volveré a ver colores y volveré a escuchar. Creo que podría acostumbrarme. Camino por los pastizales y me encuentro con el Palomo –del amor/desamor- (segundo semestre, año del pico), está guapo, pero nervioso. Es alto, muy alto, tanto como lo recordaba y a su lado me siento particularmente pequeña. Me da un beso en la mejilla, me mira profundo con sus ojos claros y me toma de un hombro, creo que el derecho. Suavemente va empujándome. Me desplaza y dejo de verlo. Despierto.
Al Palomo –del amor - le mandé un mail hace tres años, después de –creer- haberlo visto paseando un perro beige por el barrio. Era otoño, día domingo y yo salí a buscar los pitos a la camioneta del dealer que estaba estacionada en la esquina. Entonces fumaba y le escribí un correo:
Francisco,
Sería
algo así como las 10.30 de la noche de ayer, mientras conversaba con un amigo
en su auto detenido a pocos metros de mi casa, cuando apareció un ser largo y
de apariencia familiar paseando tiernamente a un perro. Lo ví, y no sé si
serías tú, una representación holográmica de energías detenidas en el tiempo,
un síntoma de mi esquizofrenia por diagnósticar, todo lo anterior u otra cosa
nada que ver; pero lo importante es que me hizo recordarte -y con tremendo cariño-.
Me
gustaría saber cómo estás, y si la vida te hace feliz.
Abrazos,
Paulina.
El Palomo –del desamor- nunca respondió y me
dolió. He pensado en él durante todo el día, en él y el olor de sus chalecos.
Seguro que así olerían las flores amarillas del wallpaper. Obvio.
Al volver a la ciudad, en medio del retorno masivo de humanos postsemanasanta, y justo antes de escribir estos absurdos, Facebook me informa del matrimonio del Palomo. Fotos: traje/vestidoblanco, vals, ramo. Evidente.
viernes, agosto 29, 2014
"Pienso que nos encaminamos a un mundo de mierda donde todas las canciones las canta Diego Torres y todas las novelas las escribe Roberto Ampuero y en todas las películas actúa Robin Williams. Un mundo donde es mejor ni siquiera pensar en el postre porque lo único que hay es una fuente inmensa repleta de nauseabundo arroz con leche"
Mis Documentos, Alejandro Zambra.
Mis Documentos, Alejandro Zambra.
Tu nombre era Silvia, tras María, que es el mismo nombre que ostento yo y tu hija -mi tía-. Tengo además de eso, tus rizos, tus piernas regordetas, la cara redonda y la impulsividad de la palabra.
Me enseñaste a contar hasta diez, y hasta diez cuento para entender. Me basta para entender que nuestras distancias cabían, pese a todo, en una escala ordinal pequeña:
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Me enseñaste a contar hasta diez, y hasta diez cuento para entender. Me basta para entender que nuestras distancias cabían, pese a todo, en una escala ordinal pequeña:
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
miércoles, abril 30, 2014
miércoles, julio 17, 2013
Lo que esperamos
Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.
Oliverio Girondo.
Tardará, tardará.
Ya sé que todavía
los émbolos,
la usura,
el sudor,
las bobinas
seguirán produciendo,
al por mayor,
en serie,
iniquidad,
ayuno,
rencor,
desesperanza;
para que las lombrices con huecos portasenos,
las vacas de embajada,
los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
se sacien de adulterios,
de hastío,
de diamantes,
de caviar,
de remedios.
Ya sé que todavía pasarán muchos años
para que estos crustáceos
del asfalto
y la mugre
se limpien la cabeza,
se alejen de la envidia,
no idolatren la saña,
no adoren la impostura,
y abandonen su costra
de opresión,
de ceguera,
de mezquindad.
de bosta.
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
ser hombres,
ser mujeres,
-no cajas de caudales,
ni perchas desoladas-,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
Y entonces...
¡Ah!, ese día
abriremos los brazos
sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
ni recelar de todo,
hasta de nuestra sombra;
y seremos capaces de acercarnos al pasto,
a la noche,
a los ríos,
sin rubor,
mansamente,
con las pupilas claras,
con las manos tranquilas;
y usaremos palabras sustanciosas,
auténticas;
no como esos vocablos erizados de inquina
que babean las hienas al instarnos al odio,
ni aquellos que se asfixian
en estrofas de almíbar
y fustigada clara de huevo corrompido;
sino palabras simples,
de arroyo,
de raíces,
que en vez de separarnos
nos acerquen un poco;
o mejor todavía
guardaremos silencio
para tomar el pulso a todo lo que existe
y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
mientras alguien nos diga,
con una voz de roble,
lo que desde hace siglos
esperamos en vano.
Oliverio Girondo.
lunes, agosto 27, 2012
Firmamento
Miro a cada segundo las flechas del reloj, e imagino que a cada compaz te alejas un poco más de mi.
Te veo caminando en un desierto gigante.
Gigante, como nuestra distancia.
Desierto.
Cada noche me acuesto con una sensación nueva, que tiñe el sueño del que tu serás protagonista.
Te veo mientras duermo.
Duermo contigo.
Tu no.
Ahora estoy echando un lugar para afuera.
El lugar donde coinciden nuestros recuerdos. Donde creo coinciden.
Aquel lugar, que es el tuyo y el mío,
Será nuestro firmamento, mi amor.
miércoles, diciembre 09, 2009
Is that all there is
And then I fell in love
With the most wonderful boy in the world
We'd take long walks down by the river
Or just sit for hours gazing into each other's eyes
We were so very much in love
And then one day
He went away
And i thought i'd die
But I didn't
And when I didn't
I said to myself
" Is that all there is to love ? "
With the most wonderful boy in the world
We'd take long walks down by the river
Or just sit for hours gazing into each other's eyes
We were so very much in love
And then one day
He went away
And i thought i'd die
But I didn't
And when I didn't
I said to myself
" Is that all there is to love ? "
lunes, diciembre 07, 2009
viernes, noviembre 27, 2009
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